30 ago. 2016

estados de desánimo - Julia Roig -


así de puntillas, alcanzo el cielo, con la yema de los dedos, dulce y pérfido cosquilleo,
lo rasgo, lo atrapo, como papel de flores que nos decora la nada, nuestro techo.
no es inútil rescatarse,
me repito a mí misma como un mantra,
yo lo intento,
cuando irrumpe la tormenta de claroscuros cargada de húmeda electricidad
y el desorden cava túneles en la roca viva de nuestro cerebro,
yo me busco, me rastreo,
trato de reconocerme en mitad del naufragio,
salvarme,
cuando aún me queda aliento
y cuando me alcanzo,
me someto,
me obligo, me ordeno,
y entonces, de nuevo, me pierdo
y el rencor como una manta mojada de invierno que nos envuelve y vuelve ateridos e injustos,
en lo profundo, donde nos pesan las anclas que nos nacieron dentro,
cuando muerde ahí la sinrazón.
y eres un tren que corta la noche, me cruzas veloz como un cuchillo lleno de pánico y se inclina el día,
la tarde y la violenta melodía de los sueños que derramamos con toda la intención,
sobre la mesa, sobre el suelo, sobre el colchón.
y en esta amalgama de intuiciones silentes que nos va moldeando
al antojo y semejanza del egoísmo más espantoso,
ya no me reconozco
y rompo el pacto leonino que me ofrecía la vida,
y me desamparo
y me desconsuelo
y me abandono
porque no me valgo ni me tengo clemencia
y me ensaño con el pasado
mientras intento traducir el rictus de mi rostro,
el no brillo de mis ojos,
el nudo de mi estómago,
y el desastre del rastro de mi presente.
(que debo amaestrar esta ansiedad
me gritan mis venas
y hacer de ella sacrilegio
o hallar la causa que me pierde
y salvarme a tiempo
o ser simplemente una hembra más extraviada entre tanto viento).

2 comentarios:

  1. Inmenso abrazo David, por tu aliento, por tus ojos

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  2. Sois indispensables los dos. En verdad.
    Sobraría un estado de desánimo
    Abrazo

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