14 may. 2015

duermes.

duermes a la hora en que las flores se cierran sobre la tierra.
tu pubis cuidadosamente rasurado,
se muestra tan abierto y prostituido
como una calle desierta en la madrugada de todos los vicios.


te amo tanto que tengo que escribirlo antes que se amontone el día sobre la espalda,
y me pregunto por qué les cuesta tanto a los poetas desde su sitio vacío,
desde sus huellas sin musgo,
escribirlo así de sencillo y abierto,
desnudo,
como un regreso a la infancia o un estallido de trueno,
un faro agitado de luz en lo más abrupto del acantilado.

duermes.
desde la ventana observo la madrugada,
la agitación febril de los olivos de la plaza.
sentado en el poema mis ojos continúan goteando por tu sexo;
me visto de mezcal y me reconozco cansado,
agónico de mapas y libros,
y está mal que lo diga,
lo sé,
pero sucede que algunas veces creemos valer más de lo que realmente somos,
y no somos nada,
amor,
nada,
ni las arrugas de los dedos que te escriben,
y pese a ello,
pienso celebrar esta vida de esclavitud con desenfrenado libertinaje,
porque las declaraciones de amor deben hacerse a través del cuerpo,
y aunque nunca seamos felices
qué más da,
tampoco importa,
a fin de cuentas,
lo importante no es ser feliz,
sino saber para quién has vivido.