25 may. 2014

las calles sin palacios


tienden las calles a llevarte a hablar solo
y sueltas la velada ignorando la fatiga
de la barata falsificación de ti mismo
del naufragio distorsionado por el salvavidas de tus escombros.

suspiras como quien soporta el fatalismo
y nadas hacia lo más denso sin soltar presa,
sin lanzar un solo rugido 
adoquinándote los añicos por la sequedad y las calles rotas.

en la arquitectura de tu asco desayunas rebeldía
y desnudas buzones por plazas
ascensores por avenidas,
lo cotidiano,
por lo resplandeciente.

morar el frío en Berlín,
saciar el voraz apetito de yacer acartonado en Granada,
despertar el ferro en París,
oler como un chacal la melancolía de Tijuana,
la sangre de tu callejón,
el suelo de tu vientre.

donde hay belleza suele haber bestias;
hermoso es reconocerse fiera,
embarcación rabiosa que burla la vigilancia del puerto.

hemos crecido al contrabando de la carne,
caminamos,
porque lo creamos o no,
somos los únicos hijos de la calle.