se permite la copia, con fines no comerciales, a letraheridos, poetas, pendencieros y curiosos exentos de fortuna.

12/4/2014

no sucede muy a menudo.

no sucede muy a menudo pero cuando te sueño,
no sabría decirte,
me respiraran los ojos,
el pecho se abre sin dobleces
y el tiempo va más despacio,
tanto,
que por momentos la una se aprieta con las trece.

resulta agradable soñarte.

luego,
al despertar,
se me hace añicos la carne,
y la pena me sacude los hombros.

dejaste de reírme
igual que me dejaste,
también,
con todos estos vivos
que arrastran más muerte que la tuya.

diablos papá,
recuerdas aquel verano en el pirineo?
juntos doblábamos la tarde
cuando la tormenta rozaba el campanario del pueblo.
andábamos a toda prisa y un enorme trueno
despertó todos los cerrojos de las casas.

llovió tan fuerte
que la mierda de las vacas descendía por el casinet
como la lengua de una puta madura:
libre y empapada.

la lluvia nos envolvió
y como papiros de carne
nos dejamos mojar hasta las desgracias.

luego el viento y la poca luz del pueblo.

por mis rodillas
todas las cicatrices del verano,
por tu ojos
el amor de quererme sin soltarme la mano.

tenías razón cuando me dijiste
que la flor más delicada siempre nace en tormenta,
que no existe atisbo de muerte para estos instantes,
que por mucho veneno que vierta la parca por nuestros oídos
la sinfonía del corazón siempre late más fuerte.

ahora,
antes que una nueva mañana me doble la espalda,
hundo las manos en mis rodillas intencionadamente.

las cicatrices de aquel verano ya no existen
o tal vez sí y sólo se han desplazado
como se desplaza una tormenta.

yo sigo su camino
igual que el dolor sigue al envenenamiento.

16/3/2014

Francisco De Paula - primera sesión de poesía en el pub Sándalo, Granada -

cuando te escribo,
como esta noche escribo,
creo sinceramente que tengo algo de serpiente
o de senil locura.
sonidos desérticos y azafranados
emergen por mis sienes 
como un parque de atracciones repletos de muchachos pelirrojos

todos estos años,
todo este mundo de estufas de butano con rejillas
y baldosas temblorosas en el piso del carrer de sants
han sido poesía.
así que el día menos pensado me pongo a vivir un buen rato,
y mudo la piel con más frecuencia,
y mando al carajo al dermatólogo ese que no entiende de amor
ni de cicatrices.

cuando te escribo,
como esta noche te escribo,
el presente es lluvia oscura y aceitosa,
el ágrafa de este poema,
las diecisiete palabras de amor que nunca te dije

cuando te escribo
como esta noche escribo,
soy árbol podado y hacha,
una ciudad inexistente,
un corredor sin recorrido,

un niño gris que camina hacia la escuela,
un mago sin su magia,
un mocoso que todas suspende
menos plástica y gimnasia.

14/3/2014

bajo el síndrome de Sjögren

arqueo la espalda porque se me acumula la nostalgia.
ese viento helado que respiras cuando todas las luces de casa se apagan
y te hallas esclavo, seco y enclenque,
rebuscando con los dedos
un rincón de libertad dentro de un plato vacío.

si hoy la poesía existe es para alimentar todas mis imperfecciones.
sucumbo a ella como un sombrerero del siglo diecinueve
espasmoso y psicótico por el vapor de mercurio de unos versos
que intoxiquen su corazón, los pulmones y el cerebro.

llevo la incursión nocturna en la sangre
y un destino final en el silencio.
porque la madrugada me hizo para gritar
y sostener la malformación de mis huesos,
la calavera
y este arcón vacío repleto de oscuridad.

conoces a Mareva?
Bang, Bang, Bang.
escribir cuando la poesía mata en una muerte libre y gratuita
y no por la traición de una ventisca
en el invierno de tus funerales.

la soledad no muerde,
aúlla.
aúlla dentro de ti cuando más hueco te escuchas.
cuando fuera todo es extenuación
y hace tanto que no llevas buen humor
que hasta la felicidad te parece una fiebre amarilla.

te digo esto y ni siquiera me mantengo en pie
cuando me hago otro verde porque mis manos aún pueden sostenerme.
a fin de cuentas,
este poema también guarda su encanto flamígero,
tras el abandono,
encontrarás la mirada que te nubla los ojos,
exceso de laringe,
y unos dedos abultados por la vida.

sonrío al terminar de escribir esto,
es este mi triunfo:
la espada más victoriosa,
el arco de los vencidos,
el himno de los tristes,
y me sorprende que algo tan innecesario como yo exista;
no soy más que el monumento a la vergüenza,
la fosa común,
el calabozo de todas las órdenes,
una mesita de arcilla,
un hilillo de sangre,
una elegía.

sostengo el fósforo hasta quemarme porque me encanta ver como arde.
eso es la inocencia,
un carro repleto de alfileres
que confundimos por paja.

jugar al escondite con mi hija,
suspirar fuerte,
y dejar que me encuentre para abrazarnos.
la vida apuñala por la espalda al único salvavidas que disponemos.

suspiro varias veces al día y siempre son pocos;
incluyendo los rotos.
 
 
Dibujo: Jesús Alcalde.