14 may. 2015

duermes.

duermes a la hora en que las flores se cierran sobre la tierra,
tu pubis cuidadosamente rasurado,
se muestra tan abierto y desnudo,
como una calle desierta en la madrugada de todos los vicios.

te amo tanto que tengo que escribirlo antes que se me amontone el día sobre la espalda,
y me pregunto por qué les cuesta tanto a los poetas
desde su sitio vacío,
desde su tierra de nadie,
desde sus huellas sin musgo,
escribirlo,
así de sencillo y abierto,
así de desnudo,
como un regreso a la infancia,
como un estallido de trueno,
como un faro agitado de luz
en lo más abrupto del acantilado.

tal vez la vida los venció para convertirlos en seres pétreos
incapaces de arrancarse la tristeza a golpes de pedruscos y alientos,
tal vez es que ya se levantan de invierno,
con el cuerpo revestido de sentencias,
y cuando tratan de poner algo de música a sus muertes,
de sacarle cuatro fotos al murmullo del silencio,
sólo encuentran versos con regusto a prisión
incrustados en el pecho.

duermes,
desde la ventana observo la madrugada,
la agitación febril de los olivos de la plaza,
sentado en una esquina del poema,
mis ojos continúan goteando por tu sexo;
me visto de mezcal y me reconozco cansado,
agónico de mapas y libros,
y está mal que lo diga,
lo sé,
pero sucede que algunas veces
creemos valer más de lo que realmente somos,
y no somos nada,
ni tan solo las arrugas de estos dedos que te escriben,
nada,
amor,
nada,
y pese a ello,
pienso celebrar esta vida de esclavitud con desenfrenado libertinaje,
porque las declaraciones de amor deben hacerse a través del cuerpo,
y aunque nunca seamos felices
qué más da,
tampoco importa,
a fin de cuentas,
lo importante no es ser feliz,
sino saber para quién has vivido.




4 may. 2015

hay un león engullendo sapos

hay un león engullendo sapos;
rebusca en la basura un horizonte de sabana,
un olor de gacela brava, 
como bestiario fabuloso de Saint- Sauveur,
que le introduzca en el rostro de la muerte,
pero sólo encuentra babas de caracol 
y un condón vacío de aventura.

hay un león engullendo sapos,
sus patas son dos peces moribundos,
sus ojos la humedad de un cartón abandonado,
no hay consuelo,
solo la voluntad de traicionar su rostro, 
ahora, 
reflejado en los restos de semen
que todavía conserva el condón vacío de aventura .

hay un león engullendo sapos,
su noche despejada como el cráneo de Yorick,
sus garras erróneas,
su cerebro
una ruta errante y predestinada.

stop le canta la cigarra,
stop le grita el sepulturero,
no ves que en tus pulmones el aire se desvanece 
no ves que llueve mercurio 
y el frío de la calle
ya no te abriga la obediencia?.

hay un león engullendo sapos,
no recuerda la forma de remontar un cadáver,
ni cómo conservar el veneno de la cuna
y el sollozo.

hay un león engullendo sapos,
sus huesos,
como zapatos huecos, 
tratan de salvarlo del naufragio,
tiene el pecho envuelto en papel de periódico,
un periódico que habla de hambre,
de misericordia, 
de ego tardío,
y de la última agresión de un asno
cultivado de imposibles y muletas.

28 abr. 2015

a un poeta incapaz de respetar un suelo recién fregado.

cada despedida es un roto,
un culto a la soledad,
un parto de tristeza.

cada despedida es un perro ladrando a la mar,
la herrumbre de un pecio incrustado en la aorta,
el desgarro del sextante.

naufragamos al partir porque cada despedida parte,
y partir es quebrarse,
hundirse,
no sumar,
restar,
morir,
evaporarse.