24 jun. 2015

las cenizas de la infancia.

antes que llegara la soledad,
cuando la infancia era un atronador festín de carcajadas,
y el presente desenfundaba cohetes sobre el vasto mar,
en noches como hoy,
solía subir al tejado con los bolsillos gruñendo truenos
para endiablar descampados con el firme propósito de quemar la ciudad 
en un pira de pobreza imperial y llamas largas.

luego llegó el correfoc 
i les bruixes de ron cremat amb la pell  enllimonada
Serrat cantant pels carrers i les places
anan de casa en casa,
per fer.ho cremar tot 
aquella nit de sant joan.

desciendo de una larga extirpe de hogueras

y desciendo, 
también,
de la noche de las rondas y las bestias 
de explosiones y silbidos que llenaron mis vacíos,
úlceras para Florence Nightingale en la guerra de Crimea,
y en el ocaso de los malnacidos,
cuando la carne es polvorín  
y las venas centelleante akelarre
justo ahí,
decidí arder con todo 
y con todo arder por los aires
como un bonzo atravesando las hogueras
tras la estela corrompida de todos los relámpagos.

y en la combustión del hermoso lenguaje 
desnudas,
y año tras año,
otras hogueras fueron pasando
hasta que al fin y de la mano del malsanto
llegaron también unas olimpiadas 
y el proyecto de arder con la ciudad naufragó en tierra santa.

el ayuntamiento prohibió las putas,
los bares a los borrachos,
la policía a los pobres,
y la ciudad
a todo aquel que no adoptara un atleta.

y reconozco que fueron hermosos esos juegos del arco y la flecha,
dicen que gracias a ellos la ciudad se abrió al mar,
yo sigo pensando que la cerraron de barrios,
de hogueras y descampados
que en el morir de otra verbena
siempre te regalaban un ratito de soledad
junto a las cenizas de tu infancia.






4 jun. 2015

vivir la tristeza


anatomía de guerrilla lo llamaba;
y pudiera ser que conjurase resistencia,
todas esas tardes que reinaba el diablo sobre las esquirlas de la carne fresca,
con las manos revueltas de oficio y guerra
con el amor como única ley
amontonando piel,
hasta dejarme hueco y en casquería.

pudiera ser que cada vez que alguna se me abría de piernas
la noche me arropara en viruela
con los ojos flamígeros y sin domicilio,
susurrando que sí,
que todo se destruye,
que nada permanece,
que a todo hombre le bastan cinco segundos
para alzar los brazos y gritar me rindo.

y pudiera ser que en mazunte
en esa playa salvaje de aullidos,
de carne en oferta sobre el mismo cuerpo,
mientras esnifaba la vida hasta perder las narices,
empezara también a quedarme
sin oxígeno.

pudiera ser
que en uno de esos instantes de trabajo asocial
sin recetas ni mejoría,
decidiera orientar la ternura hacia ese descampado cuajado de finales,
ese funesto osario de ruinas sin lenguas.

pudiera ser
que en todo ese tiempo ya escrito,
ese tiempo pasado de jolgorio y enloquecimiento,
sin saberlo ni darme cuenta,
también empezara a vivir la tristeza.


14 may. 2015

duermes.

duermes a la hora en que las flores se cierran sobre la tierra,
tu pubis cuidadosamente rasurado,
se muestra tan abierto y desnudo,
como una calle desierta en la madrugada de todos los vicios.

te amo tanto que tengo que escribirlo antes que se me amontone el día sobre la espalda,
y me pregunto por qué les cuesta tanto a los poetas
desde su sitio vacío,
desde su tierra de nadie,
desde sus huellas sin musgo,
escribirlo,
así de sencillo y abierto,
así de desnudo,
como un regreso a la infancia,
como un estallido de trueno,
como un faro agitado de luz
en lo más abrupto del acantilado.

tal vez la vida los venció para convertirlos en seres pétreos
incapaces de arrancarse la tristeza a golpes de pedruscos y alientos,
tal vez es que ya se levantan de invierno,
con el cuerpo revestido de sentencias,
y cuando tratan de poner algo de música a sus muertes,
de sacarle cuatro fotos al murmullo del silencio,
sólo encuentran versos con regusto a prisión
incrustados en el pecho.

duermes,
desde la ventana observo la madrugada,
la agitación febril de los olivos de la plaza,
sentado en una esquina del poema,
mis ojos continúan goteando por tu sexo;
me visto de mezcal y me reconozco cansado,
agónico de mapas y libros,
y está mal que lo diga,
lo sé,
pero sucede que algunas veces
creemos valer más de lo que realmente somos,
y no somos nada,
ni tan solo las arrugas de estos dedos que te escriben,
nada,
amor,
nada,
y pese a ello,
pienso celebrar esta vida de esclavitud con desenfrenado libertinaje,
porque las declaraciones de amor deben hacerse a través del cuerpo,
y aunque nunca seamos felices
qué más da,
tampoco importa,
a fin de cuentas,
lo importante no es ser feliz,
sino saber para quién has vivido.